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El acordeonista Jorge Hernández de Los Tigres del Norte durante una presentación en Otay Mesa, California, en 2016. (Sandy Huffaker/AFP/Getty Images)

Conjunto: El mejor choque cultural

By Barbara Finlay
August 2018 • American History magazine

La frontera entre Texas y México no ha podido evitar que la música fluya en ambos sentidos

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SI UN CONDUCTOR en el sur de Texas moviera el sintonizador de su radio se encontraría con las estaciones KROB, KEDA o KUKA, y en todas ellas estarían tocando canciones con mucho ritmo acompañadas con el acordeón. Eso es un conjunto, o un grupo de música desarrollado por la clase trabajadora tejana-mexicana-tejana, que comenzó en el siglo XIX con fuertes influencias de la polca, el chotís, el vals y otros estilos musicales de países de habla alemana. Esta música es un destacado ejemplo de colisión y transmisión cultural.

El alma del conjunto es el acordeón, y este instrumento vino de Europa.

Un bandoneón hecho en Sajonia por Ernst Louis Arnold entre 1925-1935. (BPK/Bildagentur/Musikinstrumenten Museum, Berlin, Alemania)

En la década de 1820, Friedrich Buschmann, un fabricante de instrumentos de habla alemana, inventó en Turingia lo que llamó el Handaoline o Ziehharmonika, un cubo hueco que contenía 21 lengüetas metálicas que hacían notas musicales individuales cuando el aire pasaba sobre ellas.

Para suministrar y controlar el aire, Buschmann le agregó un fuelle. Así el músico podría seleccionar qué notas tocar y cuánto tiempo tocarlas usando un teclado. En 1829, el austríaco Cyrill Demian mejoró el dispositivo de Buschmann. El instrumento de Demian tenía un fuelle derecho y se tocaba con la mano izquierda, usando cuatro botones, cada uno producía un acorde cuando el músico apretaba el fuelle y otro cuando lo estiraba, como cuando se toca la armónica inhalando y exhalando para hacer dos notas diferentes. Demian patentó su ‘squeezebox’ y lo nombró “acordeón”, por su capacidad para tocar diferentes acordes.

Al principio, los europeos hicieron acordeones a mano, jugando constantemente con el diseño. La handaoline de Buschmann no tenía botones a la izquierda. El de Demian no tenía botones en la mano derecha. En Londres, Inglaterra, Charles Wheatstone construyó un instrumento de fuelle capaz de tocar acordes con la mano izquierda y melodías con la derecha. Lo llamó ‘concertina’.

Gracias a la facilidad de uso y la portabilidad, las variaciones en este arreglo cautivaron a los europeos, especialmente a los alemanes e italianos. Un solo músico podía acompañar a los bailarines, convirtiendo el acordeón, un costoso artefacto hecho a mano, en un elemento básico para el entretenimiento.

Estos instrumentos eran principalmente diatónicos, como las armónicas. La mano derecha del músico controlaba una o dos filas de botones, la mano izquierda unos pocos botones de bajo. Las bandas alemanas

tocaban música de baile como la polca, el vals, el schottische y melodías similares, enfatizando el ritmo para los que bailaban, con un bajo “oom-pah” y la melodía en la mano derecha. Para la armonía, un músico podía tocar dos notas de melodía a la vez. Muchos músicos sabían leer las notas musicales, por lo que las partituras para acordeón se distribuyeron ampliamente.

Para mediados del siglo XIX, las compañías alemanas producían acordeones masivamente. En la década de 1860, floreció en México un enorme mercado para esos instrumentos, cuando el emperador Maximiliano reclutó inmigrantes europeos para vivir en México. Los alemanes se asentaron especialmente en la parte norte del estado de Nuevo León, cerca de Monterrey, hogar de una floreciente industria cervecera y que muy pronto se convertiría en un importante centro de creación musical para el acordeón. En Estados Unidos, colonos alemanes y checos asentados en San Antonio, Texas y sus alrededores, empezaron a comprar acordeones.

La inmigración alemana a México incluyó músicos entrenados cuya sofisticada música de salón atraía a los mexicanos de la clase alta urbana. Conjuntos de acordeón ejecutaban su música a partir de partituras escritas, familiarizando a los mexicanos con el instrumento y con la polkas, valses y otras danzas alemanas como la redowa o redova, un paso de vals de Bohemia llamado frecuentemente “vals saltado”.

Los mexicanos de la clase trabajadora también adoptaron los sonidos importados, tocando el acordeón de botón, –más económico- en bodas, fiestas y otras celebraciones. Estos músicos aprendieron y tocaron de oído, adaptando ritmos y melodías europeas a un híbrido eventualmente conocido como norteño, por estar ubicado geográficamente en el norte de México. Texas, que fue parte de México hasta 1836, tenía una frontera muy amplia y porosa a través de la cual fluían los sonidos y las costumbres norteñas de México, influyendo a los texanos mexicanos, de la misma forma en que Texas influyó en la vida al sur de Río Grande.

“A fines del siglo XIX y principios del siglo XX, Monterrey funcionó como una metrópolis económica y cultural, y Texas se encontraba en su zona de influencia”, escribe el antropólogo Manuel Pena en su libro ‘The Texas-Mexican Conjunto’, publicado en 1985. Muchos tejanos se identificaban como mexicanos, hasta que su nacionalidad cambió cuando la República de Texas se separó de México en 1836. Y tuvieron que volver a cambiar de nacionalidad en 1845, cuando Texas se unió a Estados Unidos. Estos residentes de habla hispana hoy día se hacen llamar Tejanos.

Bajo la influencia de la cosmopolita Monterrey, la música de salón se abrió paso en círculos de élite en San Antonio, Laredo, Corpus Christi y otras ciudades donde habitaba una próspera burguesía mexicana. Sin embargo, al igual que en México, las clases trabajadoras tejanas tenían sus propias ideas sobre la música. Y adaptaron canciones, ritmos de baile y técnicas instrumentales, convirtiendo al acordeón de botón en su instrumento principal porque tenía la característica de que un solo músico podía amenizar toda una celebración.

Otro factor que impulsó al acordeón y la polka en Texas, fue la migración alemana a ese estado. La agitación política y económica europea convirtió a los alemanes en el mayor grupo demográfico de inmigrantes que arribaron a Texas a partir de la década de 1830, cuando ese estado todavía era parte de México. Los alemanes llegaron a Texas por la abundante tierra de cultivos

Toña and Ramiro Borrego, de Chicago, bailan una cumbia de la bande de Eva Ybarra en el Tejano Conjunto Music Festival en San Antonio, Texas, en 2006. (© Look and Learn/Rosenberg Collection/Bridgeman Images)

y por la prolongada estación de cosecha. Otro factor fue el programa de concesión de tierras ‘Stephen F. Austin’ promovido con el permiso de las autoridades provinciales de México. Austin impulsivamente respaldó a Texas cuando era un estado mexicano, pero al final aceptó a regañadientes la Revolución de Texas. Nombrado secretario de estado de la nueva república en septiembre de 1836, Austin murió ese diciembre a los 43 años. La capital del estado lleva su nombre.

Los inmigrantes alemanes alentaron a familiares y amigos en el viejo continente para que viajaran a Texas. Esa migración en cadena produjo una serie de ciudades alemanas.

A menos de 100 millas de San Antonio, en 1880, un tercio de las ciudades eran alemanas, como Schulenberg, Gruene, Kerrville, New Braunfels, Weimar, Comfort y Fredericksburg. La mayoría de los inmigrantes alemanes se dedicaron a la agricultura, pero también llegó un importante segmento de profesionales e intelectuales que se establecieron en San Antonio, Corpus Christi y Houston. Las filas de inmigrantes checos y polacos incluyeron acordeonistas muy talentosos que tocaban en los bailes públicos. Estas comunidades desarrollaron los primeros salones de baile con fines de lucro en el estado.

La hostilidad y la segregación no pudieron evitar que la música fluyera entre europeos y tejanos. En San Antonio, los músicos tejanos aprendieron de oído de las bandas alemanas y adaptaron esas melodías para el público local.

Los tejanos siempre asociaron la música de acordeón con el baile. En la década de 1890, los invitados a las bodas y fiestas tejanas, practicaban numerosos pasos europeos, pero también del huapango, un baile típico de la región Huasteca de México. Cualquier persona bendecida con un buen oído musical podía aprender el acordeón fácilmente y tocar lo suficientemente bien como para hacer que la gente saliera a bailar, con un paquete compacto de melodía y ritmo.

Hasta alrededor de 1920, los acordeonistas tejanos solían trabajar con un percusionista usando un tambor de rancho, que estaba hecho con una pieza de piel de cabra estirada sobre un alambre y golpeada con mazos de madera. El tambor del rancho dio paso al bajo sexto, una guitarra de cuerpo grande con seis grupos de dos cuerdas cada uno, que se cree es originaria de México. El acordeón de botón y el bajo sexto formaron el núcleo del conjunto, y de la música de los tejanos de la clase trabajadora. Algunas veces el conjunto incluía un tololoche, un instrumento acústico vertical con tres o cuatro cuerdas, parecido pero más pequeño, que el contrabajo europeo.

Durante los últimos años de la década de 1920 y principios de la de 1930, los acordeonistas tejanos como Narciso Martínez y Santiago Jiménez desarrollaron y solidificaron el conjunto. Martínez nació en 1911 en Reynosa, México, pero su familia pronto se mudó a un pueblo cercano a Brownsville, Texas. Criado en el campo, el niño frecuentemente se mudaba de un pueblo a otro siguiendo a su familia que viajaba recogiendo cultivos. Tenía escasa educación formal, casi no hablaba inglés y no sabía leer ni escribir en ningún idioma. Para vivir, conducía camiones y tractores, alimentaba animales del zoológico y trabajaba en los campos.

Narciso tomó el acordeón en 1927, aprendiendo de Santos, su hermano mayor. En un año, Narciso ya tocaba importantes piezas musicales con un instrumento barato y de segunda mano. En 1930, en Kingsville, compró un Hohner nuevo. Para 1935 dominaba el acordeón de dos filas y había hecho mancuerna con el músico de bajo sexto, Santiago Almeida. Ese año Bluebird Records lo contrató.

La primera grabación de Martínez fue una polka, “La Chicharronera”. Hacia fines de los años 30, Bluebird emitía regularmente discos de Narciso Martínez, en su mayoría instrumentales porque Martínez consideraba ese estilo como un cebo para los conciertos de baile, ya que los bailarines preferían la música instrumental. Aprendió muchas canciones de bandas alemanas y checas. Él y un amigo con muy buen oído asistían a los bailes y más tarde, el amigo silbaba las melodías que acababan de escuchar hasta que Martínez la reproducía en el acordeón.

Locutores de la estación KEDA de San Antonio y las poderosas estaciones “border radio” al otro lado de la frontera (XER, XEP) tocaban música mexicana. Dado que hasta los hogares pobres podían comprar radios, las grabaciones de Martínez ganaron muchos admiradores que le permitieron trabajar en bodas, fiestas y celebraciones del Cinco de Mayo en todo el sur de Texas.

Su contrato de grabación no le era muy favorable, y su público en vivo tenía poco dinero, por lo que, al igual que otros músicos de conjunto, apenas podía solventar sus gastos. Aun así, Narciso Martínez era amado por la gente común, que lo conocía como el “Huracán del Valle”.

Con sus solos rápidos e intrincados, la principal innovación de Martínez fue ignorar los botones de acordes de bajo que daban a la música alemana su oom-pah. En lugar de eso, impulsado por el sonido del bajo sexto de Almeida, Martínez hizo brillar los botones agudos. Al acelerar los ritmos le dio a su material una nueva vida y una nueva sensación.

Su estilo se convirtió en la característica principal del conjunto. A lo largo de su carrera, Martínez exploró muchos géneros, incluido el swing de Texas al estilo de Bob Wills y los Texas Playboys y ritmos latinoamericanos como el tango y la cumbia. Los aficionados consideran a Martínez como el pionero, o padre del sonido típico del conjunto.

Conforme Martínez iba creciendo, también iba en ascenso Santiago Jiménez. Nacido en 1913 en San Antonio, Santiago era hijo del acordeonista Patricio Jiménez, quien era muy solicitado para tocar en los bailes nocturnos de los sábados. Santiago aprendió a tocar el acordeón a los 12 años copiando a su padre. Jiménez padre tenía amigos alemanes, especialmente en las cercanías de New Braunfels, de quienes aprendió muchas canciones. A la mayoría de los alemanes “no les gustaban mucho los mexicanos”, dijo Santiago.

Para Patricio Jiménez y muchos otros músicos europeos, la música al final triunfó sobre el racismo, y artistas alemanes de New Braunfels tocaron frecuentemente en el parque Brackenridge de San Antonio, donde la familia Jiménez y otros tejanos, escucharon y apreciaron su música.

Santiago Jiménez tocó de manera tradicional hasta que le agregó el tololoche, cuyas notas graves le dieron gran profundidad al acordeón de botón y al bajo sexto.

Su música comenzó siendo instrumental al estilo de la vieja escuela, pero él y luego otros músicos, comenzaron a componer sus propias piezas. En esos casos todas sus composiciones fueron instrumentales. Pero por algún motivo los tejanos asociaban la música con el ambiente de cantinas y ‘bailes de negocio’.

La música de Cantina convocó imágenes de putas; mientras que en los bailes de negocio, las familias pobres llevaban chicas para bailar a cambio de dinero.

Los clientes masculinos compraban fichas por 15 centavos la canción, con las que les pagaban a las mujeres para que bailaran con ellos. Las chicas obtenían unos centavos por bailar, en un arreglo sórdido que los músicos de conjunto trataban de evitar. Ellos preferían tocar en bailes decentes en los hogares, en fandangos,en bodas, y como acompañamiento de otras celebraciones respetables.

Una variedad adicional de la música tejana comenzó a desarrollarse a principios del siglo XX en el norte de México. El mexicano Eugenio Abrego, del popular grupo Los Alegres de Terán y Pedro Ayala, un innovador acordeonista de conjuntos, se convirtieron en un enlace con la música alemana y checa, ya fuera que fluyera hacia el sur desde Texas o hacia el norte desde México.

A medida que los discos de blues ganaban popularidad en la radio, primero entre los afroamericanos y luego entre una creciente audiencia blanca, las discográficas Okeh, Decca, Vocalion y otros, decidieron que las grabaciones de conjunto podrían resultar igualmente rentables. A cantantes y bandas tejanas, a menudo les pagaban apenas $ 25 por sesión de grabación, sin regalías.

El primer disco de acordeón tejano de 78 rpm fue el del acordeonista de botón, Bruno Villareal en 1928. El estilo de Villareal dependía en gran medida del acordeón de bajo alemán. Sus primeras grabaciones se perdieron, pero a mediados de la década de 1930, había grabado “La Cascada”, “Tres Flores” y otros temas instrumentales. Villareal fue un músico autodidacta, tan conocido por sus cantos en las ciudades del sur de Texas, que su apodo era El Azote del Valle. Así Villareal se convirtió en un incondicional de Okeh.

La radio fue un salvavidas para el conjunto. No existían grandes espacios en los que pudieran presentar espectáculos en vivo, pero la difusión en la radio aumentó la demanda de artistas en bailes, bodas y fiestas. La barrera del idioma y la segregación mantuvieron el control de la radio anglo, pero entre la clase trabajadora Tex-Mex, la radio en español dominaba. Después de la Segunda Guerra Mundial, las grandes discográficas abandonaron el conjunto en favor de la música mexicana

Valerio Longoria Sr., ‘La Voz’, se hizo material ‘obligatorio’para los conjuntos. (Philip Gould/Corbis/Getty Images)

más sofisticada, reformulando la radio en todos los estados del sudoeste, excepto en Texas. Para preservar y avanzar en su tradición, los tejanos comenzaron a formar disqueras independientes como Falcon Records e Ideal Records, así como otros sellos más pequeños como Corona, Globe, El Zarape y Rio.

Ideal Records mantuvo a artistas tradicionales como Narciso Martínez ante el público e introdujo a nuevos artistas como Valerio Longoria, Tony

de la Rosa y Paulino Bernal. A pesar del histórico linaje masculino en los conjuntos, también había destacadas acordeonistas como Eva Ybarra, nacida en San Antonio.

Los intérpretes de tejano más jóvenes y de la época de la posguerra, hicieron de las voces una obligación en el conjunto. Entre estos pioneros estuvo el acordeonista y vocalista Valerio Longoria, quien adaptó la tradicional canción ranchera y los corridos, dando inicio a una tradición mexicana de canciones de amor, belleza y angustia. La ranchera más famosa de Longoria puede ser “El Rosalito” de 1947:

El rosalito se está secando, Ya no enverdece las flores

También mi vida se está acabando, por falta de sus amores

La pequeña rosa se está secando, ya no produce flores;

Del mismo modo mi vida está por terminar, por falta de tu amor.

Longoria combinó el conjunto con el bolero, un sonido muy al estilo de Big Band, hasta entonces asociado al gusto sofisticado de los mexicano-americanos de Texas. Esta mezcla hizo hincapié en las voces del acordeonista frente al muro de sonido que creaba el conjunto. Los corridos presentaban narraciones épicas sobre héroes y villanos y sobre la vida de la región fronteriza, a menudo burlándose de los anglos. El más famoso, “El corrido de Gregorio Cortez”, habla de un malentendido lingüístico que lleva a un sheriff a dispararle al hermano de Gregorio e intentar dispararle a Gregorio, quien termina matando al sheriff en defensa propia.

Otro venerable corrido Quinientos Novillos, describe cómo los vaqueros mexicanos son mejores que sus contrapartes anglos:

Quinientos novillos eran, todos grandes y livianos,

Y entre treinta estadounidenses, no los podían embalar.

Llegan cinco mexicanos, todos bien enchivarrados,

Y en menos de un cuarto de hora, los tenían encerrados.

Así como la adopción de la guitarra eléctrica y otras tecnologías de la posguerra por parte de los músicos de Blues transformó ese género, de una forma acústica rural a un potente sonido urbano, los intérpretes de conjuntos obtuvieron espectaculares resultados intercambiando el tololoche por el bajo eléctrico. Las bandas mantuvieron el acordeón al frente y al centro, y la mayoría de los músicos se cambiaron al botón de tres filas y tocaron a través de una pastilla o micrófono.

Longoria y otros, agregaron un segundo acordeón, pero evitaron los teclados, los metales, las guitarras eléctricas y los violines. Las bandas agregaron sets de baterías, otra innovación de Longoria, pero el bajo sexto siguió siendo la base del conjunto.

El período 1947-1970 es la época dorada de los conjuntos, con artistas como Longoria y Tony de la Rosa, que se destacó en el acordeón e introdujo un baile más lento, el tacuachito; y el Conjunto Bernal, dirigido

Eva Ybarra mantiene su reinado como Reina del Conjunto. (Foto de Linda Vartoogian/Getty Images)

por Paulino Bernal, quien introdujo la armonía vocal en tres partes. La música de estos y otros conjuntos, tanto con sus  sonidos tradicionales como los más nuevos, resonaron en la radio y en bares locales donde uno podía comer una hamburguesa y tomar una cerveza al ritmo de la música.

A lo largo de las rutas de las cosechas que conducen a las llanuras del norte, alrededor de Lubbock y Amarillo, y en las ciudades del sur de Texas brotaron salones de baile, con estadios llenos de conjuntos vestidos con elegantes trajes y botas muy bien pulidas.

El conjunto evolucionó aún más en la década de 1970 a medida que los músicos más jóvenes incorporaron R & B, rock y otros géneros, añadieron guitarras eléctricas, sintetizadores, instrumentos de viento y batería, y, siguiendo el ejemplo de los rockeros, comenzaron a actuar de forma más teatral. De este movimiento salió “Tejano”, la música de artistas como Los Tigres del Norte, Selena, Los Lobos—originalmente Los Lobos del Este de los Angeles— La Mafia, Isidro López y Jay Pérez. En México, la creciente demanda de cumbia y música tropical, ritmos latinos cargados de ritmo procedentes de Colombia y Brasil, se filtraron hacia el norte, minando aún más el conjunto y su acordeón aparentemente anticuado.

Pero los fanáticos acérrimos siguieron nutriendo al conjunto, aguantando con la esperanza de un renacimiento. En 1981, el acordeonista Juan Tejeda, director del Centro de Artes Culturales de Guadalupe en San Antonio, lanzó el Conjunto Festival, que atrajo a varias generaciones de músicos de conjuntos antiguos y modernos. Más de 30 años después, el renombrado Festival del Conjunto Tejano conserva su misión de mantener el conjunto tradicional mientras expande su programa de actuación con músicos tejanos “progresistas” como Augie Meyer.

Las instituciones del folklore estadounidense, incluida la Smithsonian Institution, comenzó a reconocer el conjunto como una expresión de la música folclórica de Estados Unidos. Narciso Martínez y otros pioneros aparecieron en el National Folklife Festival y en otros escenarios importantes. La Fundación Nacional de las Artes otorgó el National Heritage Fellowships a Martínez y a sus compañeros artistas de conjuntos, como Flaco Jiménez, hijo de Santiago y nieto de Patricio.

El mejor acordeonista de conjunto de hoy es Flaco Jiménez, que se ha

El Flaco Jiménez junto a Sean Sahm en el festival Tex-Mex Experience en SXSW. (Arlene Richie/Media Sources/The Life Images Collection/Getty Images).

mantenido fiel al estilo tradicional y ha logrado llevar su musica al pop, el rock y el country en presentaciones con Willie Nelson, los Texas Tornados, Dwight Yoakam, Ry Cooder, Doug Sahm, The Rolling Stones , Carlos Santana, y muchos otros.

Los seis Grammies de Jiménez incluyen un Premio Lifetime Achievement en 2015. A los 78 años, continúa activo. Su amiga de la infancia, Eva Ybarra, gran dama del acordeón, este año aceptó una Beca de Patrimonio Nacional. “El acordeón es el corazón de nuestra música”, dijo Jiménez a NBC News en 2015. “Algunos artistas de Tejano ignoraron, odiaron el acordeón y lo eliminaron de la música tejana. Pero si quitas el acordeón, le quitas todo el sabor”.

El conjunto ha logrado sobrevivir – desde un nacimiento difícil y extraño- hasta sus raíces más profundas y específicas. “Sin excepción, sus contribuyentes tenían dos características en común: eran total o en su mayor parte analfabetos”, escribe el antropólogo Pena. “Y pertenecían a una clase proletaria que estaba relativamente aislada de otros grupos”. A partir de las experiencias de los oyentes, esta forma y sus orígenes europeos reforzaron el sentido de identidad étnica de los oyentes, lo que hizo que el conjunto fuera una protección y una actitud ante el desdén de las élites. El conjunto trasciende el entretenimiento, incluso la musicalidad, proporcionando un poco de alivio a las vidas de los oyentes, inspirando la resistencia a los estereotipos negativos e infundiendo el orgullo entre la gente.

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Estaciones de radio que tocan música Tejano o de conjunto

KEDA 102.5 FM, 1540 AM, San Antonio, kedaradio.com/

KROB 1510 AM, 94.3 FM, Corpus Christi krob1510.com/music.html

KUKA 105.9 FM Alice kukaradio.com/

Estaciones de Internet:

Wolfpak radio wolfpakradio.com/

Puro Texas Conjunto Radio conjunto.org/?cat=130

Rancho Alegre Radio ranchoalegreradio.org/

 

 

 

 

 

 



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